Ya conoces el sonido. La llave en la puerta. Las botas en el pasillo. Y luego el sofá, antes incluso de quitarse el abrigo.
Has intentado ayudarle: el barreño de agua caliente, las plantillas, quizá hasta un spa de pies. Nada cambió.
Nunca fueron sus pies, y nunca fueron sus botas.
Por eso tantas mujeres le están cambiando los calcetines por Talón Firme, de Doce Horas.







